a) Establecer un tiempo para que hable de sus
temas de interés. Es importante reducir la frecuencia con la que el tema domina
sus pensamientos y conversaciones.
b) Utilizar sus
intereses para motivarle y/o ampliar sus conocimientos. Si al niño le gustan
los aviones, se puede utilizar ese centro de interés para enseñarle a leer y
matemáticas, por ejemplo.
c) Usar el
refuerzo positivo para la modificación de conducta. Merece la pena utilizar
cualquier interés del niñ@ como fuente de recompensas y motivación, por
ejemplo: “Si terminas este trabajo para las 10:30, entonces tendrás 10 minutos
para hablar sobre el tema que más te interese”.
d) Averiguar
las causas de sus preocupaciones y ofrecer métodos alternativos para relajarse.
Si la conversación obsesiva es una manera para vencer la ansiedad, se deben encontrar
otras maneras de ayudarle.
e) Buscar
oportunidades para que hable sobre sus centros de interés con otras personas que compartan sus
intereses.
f) Indicar a los compañeros de clase cómo
decirle, de forma adecuada y clara, cuándo están cansados de un tema en
concreto (puede ser útil una palabra clave o una señal acordada previamente con
el niñ@ para que todo el mundo la use).
a) Emplear el
lenguaje coloquial correspondiente a su edad y explicar su significado para reducir
la comprensión del lenguaje de forma literal. Lo mismo sucede con las bromas,
chistes, dobles sentidos…es recomendable que las se utilicen en clase y las
explique el docente, cuando saben lo que significan lo añaden rápidamente a su
repertorio.
b) Cuando una
palabra tenga distintos significados, es necesario explicarla y sitúarla en el
contexto correcto.
Ej.: “le pregunté la hora a un
morro que pasaba por allí”, si no se explica la palabra “morro” le será muy
complejo entender el significado de la oración.
c) Introducir en
las clases “palabras” que utilizan sus compañeros para que se familiarice con
ellas, o pide que den sinónimos del lenguaje empleado por ellos. Los alumnos con S.A. suelen tener un lenguaje demasiado
formal, respecto a su edad, y presentan dificultades para adaptarlo a distintos
contextos.
d) El lenguaje
no verbal (gestos, expresiones faciales, miradas…) es difícil de comprender y
raramente lo utilizan en sus interacciones. Por eso es necesario apoyarse en el
lenguaje verbal o escrito cuando se dirija al alumno.
Ej.: Él puede que no entienda
que está haciendo algo mal, si únicamente le miramos con cara de enfado, por lo
que debemos decírselo verbalmente.

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